Diario Laboral

No aceptes una derrota prematura – Anécdota

Posted on: 20 enero, 2011

Era un día tranquilo de oficina, sin muchos pendientes cuando el jefe se le acercó a Pablo para pedirle de favor que vaya a dejar unos documentos importantes a uno de los clientes, Pablo aceptó con gusto ayudar y se en rumbo al destino trazado. El lugar al que se dirigía era bastante alejado de su centro de trabajo, es por ello que debía cumplir muy bien la misión que le fue encomendada para no tener inconvenientes que le hagan repetir ese largo viaje. Finalmente Pablo llegó al lugar indicado, donde la recepcionista -haciendo su trabajo- le pidió amablemente como requisito para ingresar que dejará su documento de identidad (DNI) en recepción durante todo el tiempo de su visita a la empresa, haciendo caso de las indicaciones de la señorita, sacó su billetera para proporcionar dicha identificación, pero se dio con la sorpresa de que no se encontraba en su lugar. Luego de buscar en cada rincón de la billetera, se dio cuenta de que no la portaba, había dejado olvidado su DNI en la oficina. Que problema. Después de tratar de negociar de alguna forma con la recepcionista (con la cual no llegó a un acuerdo), resignado tuvo que dar media vuelta y salir del lugar. Decepcionado por lo sucedido, Pablo decidió tomar el mismo camino que recorrí hasta ese lugar, pero esta vez para regresar a la oficina.

Alejándose en la primera cuadra (aún a pie) Pablo pensaba que no había de otra, que debía buscar como decirle a su jefe que se le olvidó el DNI y que por eso no había podido cumplir con el encargo. Ya en la segunda cuadra (una larga por cierto) solo se preguntaba si ya había hecho todo lo posible para poder cumplir la misión, se dio cuenta que no. Pablo detuvo un rato su andar para pensar y analizar la situación, recordó que hace unos instantes cuando estuvo parado frente a la señorita recepcionista, a su lado pasaron varios motociclistas que hacían la función de servicio de entrega de documentos en el edificio, entonces Pablo pensó: ¿Por qué no les pido de favor que me ayuden con este encargo si ellos vienen preparados y ya están familiarizados con el lugar?. Esa idea hizo dar vuelta a Pablo para regresar al lugar y darle solución a este problema. Cuando llego lo primero que hizo fue ubicar el lugar donde la mayoría parkeaba sus motos, se paro ahí y espero que alguien pueda comprender su inconveniente y lo pueda ayudar, pero creo que somos concientes que de alguna forma debemos incentivar esa “ayuda”, así que les ofrecía S/.2 por el encargo (al menos para la “gaseosa”), hasta que por fin alguien aceptó la propuesta y ejecutó el dichoso encargo para satisfacción de la empresa y del mismo Pablo.

Creó que se entiende la moraleja. Muchos de nosotros nos damos por vencidos antes de verificar si realmente no hay ninguna solución al problema, pero debemos entender que hay mil formas de superar los obstáculos, es cuestión de pensar con serenidad y analizar por unos minutos la conyuntura del asunto.

Lo único que no tiene solución es la muerte.

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